miércoles, 25 de enero de 2012

nostalgia y compañia.

Nostalgia, esa puntada que te agujerea el pecho. Es helada, mayormente inoportuna y confusa ¿Que podemos hacer? una buena patada en el totó y que fría churros.. mentira. No me la cree nadie.. yo siempre la abrazo, la mimo y la vivo. Sirve, uno vuelve a ser feliz unos instantes y a veces nos da impulso para cambiar de rumbo. Otras no, nos hace tropezar con la misma piedra un millón de veces más, buscando desesperadamente y como unos adictos, la misma sensación de la droga al que llamamos recuerdo.
Es difícil ignorar a la nostalgia, suele pegarse en los zapatos, se abrocha a las piernas, nos moja la oreja o nos hace cosquillas.
Realidad y nostalgia no se llevan bien, una se fagocita a la otra en una enorme guerra por papeles protagónicos, ni la realidad cede ni la nostalgia se deja.

¿Llego la nostalgia? Mirala, hablale, recorre cada centímetro de su existencia, saboreala.
¿No la sentís? ¿¡Como!? ¿Ni con los ojos cerrados? ¿Antes de dormir o ante la presencia de ciertos perfumes? que vida tan vacía..

lunes, 23 de enero de 2012

jueves, 19 de enero de 2012

dormí sin frazada.

Bien, llegamos al punto en donde no me interesa ni una de tus comas, donde las apariencias nunca nos engañan, y el cielo se vuelve verde y la tierra azul. Encontramos en la nueva ruta que nos impone el destino un nuevo camino, ya gastado y desacelerado; elegimos, elegiste.
Y mientras en tu loca ilusión me consideras una idiota yo ya no tengo más que reírme de la situación, me río por no llorar, porque ya lo hice bastante, aunque jamás tengas el gusto de poderlo comprobar. Orgullosa? si, muy, y por suerte! El orgullo es la alarma que suena cada vez que decís una estupidez o que te comportas como un imbécil, es en ese momento donde el orgullo se posa sobre mi hombro izquierdo, te hundís unos tres metros bajo tierra y admiro lo pequeño e insignificante que podes ser.
Todavía te estarás preguntando como lo supe, como lo iba a saber, sin comprender jamás que vos mismo me dejas ver tus cartas, que te transformas en obvio, en tan predecible. Si es este el juego que te divierte, allá vos, en mi no vas a encontrar un contrincante. Amante ligero de la competencia, no estuviste nunca a la altura de sostener tu trofeo, te encandilaste con un bronce que apenas brilla obnubilado por lo grosero.
Y sin embargo, continuas embriagado de deseo, y una noche cuando lo entiendas vas a volver a acudir a lo único que te resultó certero, pero te comunico que con tanta agua corrida bajo el puente, lo más probable es que tropieces con lo que ya para todos es evidente, el tiempo es sano y también inteligente, no creo que nos deje volver a pecar ilimitadas veces.

lunes, 9 de enero de 2012

Él sin ella.

Un hombro desnudo, una espalda que se inclina y tus ojos amanecen en una nueva mañana lluviosa. Miras de reojo a la izquierda, el despertador. Son las 10.13 y tus piernas te comunican que no tienen ganas de soportar tu peso todo el día. Miras nuevamente de reojo pero esta vez a la derecha, una cabellera negra que descansa en la almohada y que te invita a acariciar. Pasas suavemente tus yemas por aquel río, ella se estremece, se contrae y se invierte. Ahora esta mirándote, te pregunta con la mirada, te responde con ese beso que no te da. Porque, en cambio, ella sólo se limita a posar sus labios sobre los tuyos, susurra un buen día y se produce el fin de la acción. Es eso solamente, una acción, y vos lo sabes. Lo descubriste. Lo sentís.
Buscas en sus ojos una señal, un brillo diferente, una nueva oportunidad, intentando aferrarte a la seguridad que segundos antes se te deslizo hasta escurrirse como arena entre los dedos. Desesperación y vacío. No hay nada ahí.
Retiraste la mirada. Tus pies de repente se alborotan, se inquietan y buscan huir de la cama que te envuelve, que une sus piernas con las tuyas, que es testigo de los amados y amantes que parecían ser.
Repugnante miras el espejo que te regala una imagen desfigurada, observando tu ángel y tu diablo complotados en el plan, una nueva forma de hacerte pisar el palito y de verte fallar.
Agua explorando mejillas, el corazón revolucionado y la cabeza confundida, el tiempo descansa en un reloj imaginario donde se espera sonar una alarma que nos notifique hasta donde se debe aguantar, cual es el último gramo de nuestra sal, dónde esquivar las calles sin salida y cual es la razón para no saberse amar sin medida.