sábado, 11 de septiembre de 2010
Marelle.
"Pero el amor, esa palabra... Moralista Horacio, temeroso de pasiones sin una razón de aguas hondas, desconcertado y arisco en la ciudad donde el amor se llama con todos lo nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos. Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (cómo te gusta usar el verbo amar, con qué cursilería lo vas dejando caer sobre los platos y las sábanas y los autobuses), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado, jamás Wright ni Le Corbusier van a hacer un puente sostenido de un solo lado, y no me mires con esos ojos de pájaro, para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo, y eso que me querés como yo no te quiero. Claro que te curarás, porque vivis en la salud, después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Tan triste oyendo al cínico Horacio que quiere un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor revólver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua. Y es tonto porque todo eso duerme un poco en vos, no habría más que sumergirte en un vaso de agua como una flor japones y poco a poco empezarían a brotar los pétalos coloreados, se hincharían las formas combadas, crecería la hermosura. Dadora de infinito, yo no sé tomar, perdoname. Me estás alcanzando una manzana y yo he dejado lo dientes en la mesa de luz."
martes, 7 de septiembre de 2010
Se vuelve trágico que no te animes a jugar, que no me dejes pintar, que no quieras algo de libertad. No es tan disparatada la idea que te envulevas en un abrazo, no encuentro lo descabellado en citar a nuestras retinas en una esquina, que nuestras bocas sepan apreciarse aun con distancia, que las palabras las dejemos solo en los crucigramas y nos dejemos caer en algún lugar de la ciudad. Mira mi mano derecha y limitate a no apagar esta brecha, no dejes que te engañe la ingenuidad de que un cariño solo nos coloca la soga que nos terminará por ahorcar, quizás sea ese el respiro que quiere salir de estos pulmones que sólo saben hacerse chiquitos cuando son comunicados con el operador a tu lado frio. Incendiemos y quebremos, sabemos muy bien que podemos resistir ese dolor, vivir el traspaso a lo mejor, dejando de lado lo que ni siquiera pasó. Yo no me quiero quedar quieta y si fuera por esta loca intención ya estarías rezando para librarte del maleficio, del suave hechizo que bloquea tus sentidos y sólo quiere verte vivir. Pero no confundas, vivir no es repirar por tu cuenta, es aprender que no hay nada mas bello que confiar y de a poquito soltar las riendas.
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